Salud Emocional

  MEJORÁ TUS HABILIDADES SOCIALES 

Se ha demostrado que mejorar los vínculos emocionales entre las personas ayuda a sanar el sistema límbico. Cuanto mejor te llevás con la gente que te rodea, mejor te vas a sentir. Principios relacionales que te ayudan a mantener el sistema límbico saludable y gratificante: no culpes al otro y buscá maneras para poder mejorar las relaciones; nunca des por sentada una relación, estas, para que sean especiales, necesitan ser nutridas constantemente; no rebajes ni subestimes al otro; cuando las relaciones se estancan o se ponen aburridas, son más propensas a “erosionarse”, por eso buscá nuevas y diferentes maneras de agregarles más vida (es muy fácil ver lo que no te gusta de una relación); tratá de pasar más tiempo fijándote en sus aspectos positivos; sé claro al comunicarte; tomate un tiempo para escuchar y entender lo que otros te dicen; encargate de las cuestiones más difíciles (evitar el conflicto a corto plazo tiene efectos devastadores a largo plazo); hacete más tiempo para el otro (muchas parejas en las que ambos trabajan y tienen chicos, se alejan porque no tienen tiempo para estar juntos y, cuando logran ese rato juntos, se dan cuenta de cuánto se quieren).

EJERCICIO FÍSICO  

El ejercicio físico puede sanar el sistema límbico. El cuerpo libera endorfinas, que inducen a un estado de bienestar. El sistema límbico tiene muchos receptores de endorfina. El ejercicio también aumenta la circulación de sangre en el cerebro, que lo nutre para funcionar bien. Las personas que hacen ejercicio regularmente tienen una sensación de bienestar que los que son más sedentarios no experimentan. Tienen más energía y un apetito saludable, duermen mejor y en general tienen un mejor estado de ánimo. Desde hace varios años se prescribe ejercicio físico a los pacientes con depresión. Esto es aún más importante para los pacientes que no toleran la medicación antidepresiva. En vez de medicarlos, algunos optan por un arduo programa de actividad física, supervisado por el mismo médico, que los hace sentir tan bien como si estuvieran tomando un medicamento. Con el ritmo de vida moderno, largas horas de trabajo, idas y vueltas en horas pico, y sobre todo en familias en las que ambos padres trabajan, es importante recordar lo esencial que es el ejercicio físico y el cuidado personal para mantener una buena salud, y no dejarlos afuera. Muchas personas se quejan cuando les dicen que tienen que hacer más ejercicio, les parece que les lleva mucho tiempo y que es aburrido. Lo mejor es intentar diferentes actividades hasta encontrar una que sea apropiada.   Buscá qué es lo que más te gusta, pero asegurate de hacer algo de actividad física todos los días (caminar, correr o andar en bici) y una actividad aeróbica que aumente tu frecuencia cardíaca y la circulación de oxígeno en los músculos al menos tres veces por semana durante al menos veinte minutos. Además, realizar ejercicio aumenta los niveles de L-triptófano, un pequeño aminoácido que tiene problemas compitiendo contra otros aminoácidos en el cerebro. Al hacer ejercicio, muchos de los “grandes” aminoácidos se ocupan de reponer fuerza muscular, lo que causa un descenso en la disponibilidad de estos aminoácidos en la sangre. Cuando esto sucede, el L-triptófano puede completar más efectivamente su entrada al cerebro y aumentar los niveles de serotonina. Además, el ejercicio aumenta tus niveles de energía y te distrae de pensamientos negativos que tienden a reiterarse. Se recomienda también para los chicos, como una manera de aumentar los niveles de L-triptófano y aumentar su cooperación.

  TOCALO, TOCALA 

El contacto es esencial para la humanidad. Sin embargo, en nuestra sociedad es cada vez menos frecuente. Abrazá, tocá, contactate con tus hijos, con tu pareja, con los que más querés, y hacelo regularmente. Dar y recibir masajes también mejora la salud del límbico, ya que este no sólo está involucrado en los vínculos emocionales, sino también en los físicos. La conexión física es un elemento crítico en el proceso de vinculación padre-hijo. Las caricias, los besos, las palabras dulces, y el contacto visual de la mamá y el papá le dan al bebé el placer, el amor, la confianza y la seguridad que necesita para desarrollar vías sanas en este sistema. Es así como el vínculo y la conexión entre los padres y el bebé pueden comenzar a crecer. Sin amor, sin afecto, el bebé no desarrolla las conexiones apropiadas en el límbico y nunca aprende a confiar y a conectarse. Se siente solo e inseguro, se pone irritable e insensible.   El amor entre los adultos es muy parecido. Para construir un buen vínculo, las parejas necesitan abrazarse y besarse, decirse cosas lindas y tener contacto visual, miradas con cariño. No es suficiente que uno dé y el otro reciba pasivamente. Manifestaciones físicas de amor necesitan ser recíprocas para que el otro no se sienta herido, rechazado, causando el quiebre del vínculo.   Como padres o responsables de niños, construirles una zona emocional segura es crítico porque les permite desarrollar un terreno de entrenamiento fértil para que puedan lidiar con sus verdaderas emociones de una manera constructiva. Es, o mejor dicho, fue en este espacio de tu vida donde deberías haber aprendido que expresar —y no suprimir— tus necesidades y emociones es un acto saludable. Si tus padres, y otros, estuvieron más o menos disponibles y respondieron a tus necesidades emocionales, te sentiste calmado, amado, seguro y comprendido. Entonces estos actos de amor de tu mamá o papá le enseñaron a tu cerebro que expresar tus emociones es importante, proveyéndote ejemplos de cómo elegir respuestas sanas para calmarte al atravesar dificultades en tu vida. Pero si no estuvieron disponibles, tu cerebro habrá aprendido que explorar tus emociones no es importante y que la vida no es un lugar seguro, disparando ansiedad y preocupaciones muy seguido en tu vida de adulto, defendiéndote de los “peligros” con reacciones y hábitos que a largo plazo te perjudican. Como dice mi mamá: “La culpa de todo la tiene la madre, menos yo”.

Estanilao Bachrach

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